• Detrás de la Razón - Arabia Saudí, Irán, El Líbano, Hezbolá, mueven fichas de fuego
domingo, 12 de noviembre de 2017 22:31

¿Cómo es posible que se roben al primer ministro de un país? Lo pregunto porque muchos lo afirman.

Más aun: ¿cómo es posible que el primer ministro del país no aclare si está secuestrado, arrestado o detenido? Comienzo así para los espectadores que no están familiarizados a fondo con lo que está pasando en El Líbano, un caso sin precedentes en la historia reciente de la región.

Cómo usted sabe, el primer ministro libanés, Saad Hariri, sorpresivamente, en un país que no es el que gobierna, anunció su renuncia. Sucede en Riad, capital de Arabia Saudí. Y de ahí el caos de confusión e incertidumbre.

El Gobierno de su país, El Líbano, de cabeza. Todos preguntándose la verdadera razón de la extraña e inesperada dimisión. Reuters ha filtrado que, según fuentes libanesas, Hariri llegó contento a Riad para ya no volver, le quitaron su teléfono y lo comenzaron a tratar mal.

¿Qué pasó? Le ordenaron renunciar a su cargo. ¿Por qué? Porque Arabia Saudí, que apoya al partido e ideología de Hariri, llegó a la conclusión de que el primer ministro no tenía los suficientes pantalones para enfrentar y debilitar al Movimiento de Resistencia Islámica de El Líbano (Hezbolá), que tiene el apoyo de Irán.

Por eso decidieron cambiarlo, quizá por su hermano o por su tía. La versión formal y oficial es que aún no se sabe qué pasó. Aunque el rumor, la acusación y el análisis del presidente del Líbano, Michel Aoun, o las más atrevidas declaraciones del líder de Hezbolá, Seyed Hasan Nasrolá, pueden explicar la situación y los porqués.

"Esto debería decirse muy claramente. El primer ministro del Líbano está detenido en Arabia Saudí y tiene prohibido regresar al Líbano", señala Nasrolá. La confusión es mayor en las calles libanesas, donde se han colocado fotografías para pedir el regreso de Hariri.

Lo curioso del asunto es que la desaparición, renuncia, detención o como se le quiera llamar, de Hariri, coincide precisamente con la cacería de brujas que está haciendo el príncipe herederos Salman bin Abdulaziz Al Saud, en su Arabia Saudí, como parte de la nueva estrategia y el nuevo reino saudí que quiere implementar para dominar la región.

Es decir, que lo que estamos viendo no es otra cosa que el cambio total de estrategia saudí en Oriente Medio, en vista que sus esbirros, mensajeros, mercenarios y terroristas no pudieron ganar ni en Siria ni en Irak, y que quieren seguir jugando ajedrez, pero que el tablero ahora lo pusieron en un lugar llamado El Líbano.

Aparte de esto, parece ser que los tambores de guerra podrían estar sonando: Hezbolá dice que es una declaración de guerra lo que Arabia Saudí le está haciendo a los libaneses. Además, advierte que la monarquía saudí le ha pedido a Israel atacar El Líbano. El régimen de Israel, aunque es acostumbrado, ha declarado que podría atacar con todo su poder territorio libanés, chispazo que saltaría primero por la disputa en los Altos de Golán. "Lo que podríamos hacer en 34 días durante la segunda guerra del Líbano ahora podemos hacerlo en 48 a 60 horas. El crecimiento de nuestra fuerza no ha sido lineal", había asegurado el retirado comandante de la fuerza aérea de guerra israelí, el general Maj Amir Eshel.

¿Cuál será el destino de Oriente Medio y cómo la dimisión de Hariri y la ambición saudí podrían afectar? ¿Cuál será la estrategia de Hezbolá? ¿Cuál será el destino de Hariri? ¿Cómo la comunidad internacional reaccionará, intervendrá, ayudará a la paz, a Arabia Saudí, o ayudará verdaderamente a la paz?

En Detrás de la Razón se lo diremos y preguntaremos además. Recuerde que los analistas contestan y usted en su casa concluye. Y si la realidad hace lo que quiere, entonces nosotros volveremos a preguntar.

Lo importante es descubrir los ángulos que no dicen los Gobiernos ni los medios de comunicación. El análisis, las preguntas y respuestas a las nueve treinta de la noche, desde los estudios de Teherán; Londres, siete y Madrid, ocho de la tarde; México y Colombia, una de la tarde.

Por Roberto de la Madrid.

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