• Detrás de la Razón – ‘Un niño’ en la Casa Blanca
lunes, 8 de enero de 2018 21:59

A través de un estudio realizado hace un tiempo por expertos de la Duke University Medical Center en Estados Unidos, fue revelado que los primeros presidentes de EE.UU. presentaban algún desorden mental como ansiedad, depresión y bipolaridad.

Antes de que Donald Trump llegara a la Casa Blanca, su personalidad, comportamiento y verbo llamaban la atención del colectivo, preocupaban a otros y generaban críticas en los medios.

Siendo candidato republicano, con sus discursos violentos y sarcásticos, incluso para con las mujeres, como se observó hacia Hillary Clinton, diversos medios de comunicación lo tildaron de narcisista.

Según la Asociación de Psicología de América, los narcisistas son personas obsesionadas con el poder, el estatus, la apariencia y la manipulación hacia las personas, además de tener problemas para hacer amigos verdaderos.

Para nadie era un secreto que Trump, siendo multimillonario, dueño de empresas y hombre de televisión con reality´s show, su manera de comportarse y mostrarse públicamente generaba polémica. Tal vez poco importaba su conducta antes de llegar a la Presidencia de Estados Unido, pero ya manejando las riendas del país considerado más poderoso del mundo, la visión en ese aspecto de su perfil cambió.

Desde entonces, diversos sectores, medios de comunicación e incluso congresistas se hacían interrogantes como: ¿Existe una diferencia en ser narcisista como magnate de negocios o cómo presidente? ¿Está Trump apto para el cargo de presidente?

En febrero de 2017, un grupo de 35 psiquiatras, psicólogos y trabajadores sociales envió una carta al New York Times en la que afirman que el nuevo presidente de EE.UU. mostraba una “grave inestabilidad emocional”. En su breve diagnóstico, los expertos señalaron que Trump es incapaz de tolerar otras opiniones y empatizar con otros. Entre los firmantes se encontraba, un antiguo presidente de la comisión de Propuestas de Investigación de la Asociación Psicoanalítica Internacional.

En agosto, una congresista presentó una resolución solicitando la intervención de médicos y psiquiatras, para determinar si el mandatario sufre “un desorden mental”, o “una lesión” que afecte sus capacidades mentales y le impida cumplir con sus deberes constitucionales como presidente. También, en diciembre pasado, un grupo de miembros del Congreso de Estados Unidos se reunió, con una psiquiatra en Washington, con el propósito de dilucidar lo mismo.

Pero, definitivamente, el tema resurgió en los últimos días en algunos medios de comunicación como el Washington Post o la cadena CNN, tras la publicación del polémico libro del periodista Michael Wolff, "Fuego y furia: dentro de la Casa Blanca de Trump", en el que se relata el ascenso del magnate a la Presidencia con entrevistas a personas cercanas a él.

Según narra Wolff, los colaboradores de Trump cuestionan su capacidad para gobernar, y lo describen como "un niño" en donde todo gira en torno a él y a su necesidad de satisfacción.

El presidente ha salido al paso, y aunque de manera furibunda ha desmentido la información del libro, también se ha autodefinido como un "genio muy estable".

Entre otros elementos, Wolff aseguró que Trump, de 71 años, repite frases para sí mismo a menudo, y que "todo el mundo está muy consciente del creciente ritmo de sus repeticiones".

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la repetición puede ser causada por la mala memoria a corto plazo, así como por otros factores y también puede ser un signo de demencia, que afecta hasta 8 % de las personas mayores de 60 años en todo el mundo.

Algunos dicen que el presidente está ocultando un deterioro cognitivo dado que han notado momentos en los que parece no tener un control total de sus propios movimientos. Pero ¿por qué genera revuelo todo el tema de la salud mental del mandatario?

Bueno tal vez para los adversarios políticos de Trump, sería muy importante determinar su estado mental, en vista de que existe una enmienda en la Constitución estadounidense, la número 2, la cual establece que si el presidente es "incapaz de ejercer los derechos y obligaciones de su cargo", el vicepresidente tomaría el puesto.

Es cuestión de ver como avanza este polémico debate, que vuelve a poner al gobierno de Trump, en el ojo de la tormenta.

En Detrás de la Razón los analistas contestan y usted en su casa concluye. Y si la realidad hace lo que quiere, entonces nosotros volveremos a preguntar. Lo importante es descubrir los ángulos que no dicen los Gobiernos ni los medios de comunicación.

El análisis, las preguntas y respuestas a las nueve treinta de la noche, desde los estudios de Teherán; Londres, siete y Madrid, ocho de la tarde; México y Colombia, una de la tarde.

Por Danny Pérez Díaz

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