• Cámara al Hombro - Mujeres indígenas y sus tejidos ancestrales en Guatemala
miércoles, 21 de junio de 2017 5:51

Ser indígena en un país donde más de la mitad de sus habitantes se autorreconoce indígena no es fácil, por lo menos en Guatemala, y las mujeres de los pueblos mayas que han tejido durante siglos sus vestimentas lo saben bien.

No solo es la discriminación y el racismo, sino el despojo de su herencia, en este caso los textiles que elaboran y que de unos años para acá se comercializan en diferentes partes del mundo por personas o empresas que venden la idea del mundo maya en una bolsa o un par de zapatos, por los que obtienen cientos de dólares mientras las tejedoras de los textiles no ven ningún rédito de ello, menos el reconocimiento de la elaboración de los mismos y que conlleva arduo trabajo.

Debido al abuso en la utilización de las piezas textiles mayas para que unos cuantos se enriquezcan como ellas lo subrayan, un grupo de mujeres de diferentes etnias de todo el país decidió impulsar una iniciativa de ley mediante la comisión de pueblos indígenas del Congreso de la República de Guatemala para que se reconozca la autoría de las piezas elaboradas pacientemente  por las tejedoras.

Independientemente de la iniciativa de ley y a partir de la necesidad de encontrar una ruta para cambiar una realidad desigual en comparación con el resto de la sociedad, también fundaron la Asociación Femenina para el Desarrollo de Sacatepequez, un departamento ubicado a unos 35 kilómetros de la ciudad capital y donde se organizan para tratar de proteger su patrimonio ancestral enseñándole a tejer a mujeres que no saben hacerlo para que elaboren sus propias vestiduras pues, con el tiempo y el avance de culturas ajenas se ha perdido la tradición. Ana es una de las alumnas que asiste a la asociación a tomar lecciones de tejido.

Los trajes que utilizan las mujeres en los pueblos mayas son únicos en el mundo y cada diseño es irrepetible, conlleva un esfuerzo muy grande concluir una de estas piezas que de hecho tarda entre tres y cinco meses dedicándose por completo a ello, cada uno lleva plasmada la imaginación de sus autoras, pues es casi una escritura hecha con hilos de colores.

Esta es la pequeña plaza central en el Ayuntamiento Santiago Sacatepequez, lugar donde nació la Asociación de Mujeres Tejedoras.

El mayor temor que ellas tienen es que una empresa industrial nacional o extranjera patentice la herencia de sus padres y abuelos y que al final de cuentas tengan que pagar por elaborar un producto que ellas mismas inventaron.

akm/anz/rba

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