Publicada: sábado, 29 de noviembre de 2025 8:20

La reciente entrevista de Abás Araqchi con France 24, durante su visita a París, ofrece una ventana clara a la forma en que Irán proyecta poder, maneja sus relaciones internacionales y equilibra intereses internos con dinámicas regionales complejas.

Los temas abordados, que incluyen el intercambio de prisioneros con Francia, las negociaciones nucleares con Estados Unidos y Europa, la correspondencia con Arabia Saudita, la situación en Siria y la reciente guerra de doce días, reflejan un enfoque deliberado y estratégico que combina firmeza en principios fundamentales con flexibilidad táctica.

En primer lugar, el intercambio de prisioneros con Francia ilustra la manera en que Irán maneja asuntos delicados bajo el paraguas de la ley nacional y de intereses estratégicos. Araqchi destacó que la liberación de Cécile Kohler y Jacques Paris, tras tres años y medio de detención, forma parte de un proceso regulado por el Consejo Supremo de Seguridad Nacional y enmarcado en los intereses nacionales. Simultáneamente, Irán ha solicitado la liberación de Mahdieh Esfandiari, ciudadana iraní detenida en Francia, lo que convierte el intercambio en un mecanismo de reciprocidad cuidadosamente administrado. Al enfatizar que todos los procedimientos legales se completarán según los tiempos de cada país, Araqchi refuerza la percepción de Irán como un actor que respeta procesos internos pero que actúa con claridad estratégica, proyectando orden y previsibilidad frente a la opinión pública internacional.

Este enfoque no solo protege la legitimidad doméstica, sino que también proyecta una imagen de pragmatismo internacional. La insistencia en que “el intercambio se realizará tan pronto como terminen los procedimientos judiciales en Francia” evidencia un equilibrio entre firmeza y flexibilidad. La narrativa construida refuerza la percepción de que Irán actúa de manera consistente, legal y predecible, a pesar de las críticas occidentales que califican estos casos como secuestro político.

En cuanto a las negociaciones nucleares, Araqchi deja claro que Irán mantiene disposición al diálogo, pero bajo condiciones de paridad y respeto a sus intereses. Subraya que no existe actualmente un canal activo de negociación con Estados Unidos, debido a la falta de voluntad de Washington para comprometerse en términos equitativos. Sin embargo, el mensaje es inequívoco: Irán está siempre abierto a conversaciones serias que conduzcan a resultados mutuamente beneficiosos. Este planteamiento refleja un enfoque estratégico maduro, donde el país protege su posición sin cerrar la puerta a soluciones diplomáticas. La referencia a negociaciones previas, incluidas las de 2015, establece continuidad y coherencia, contrarrestando la percepción occidental de un actor impredecible.

La correspondencia reciente del presidente iraní a Mohammed bin Salman, príncipe heredero de Arabia Saudita, fue abordada con especial cuidado por Araqchi. Éste enfatizó que la carta estaba relacionada exclusivamente con temas de peregrinación y cooperación cultural, no con la mediación nuclear entre Estados Unidos e Irán. Irán subraya que la resolución de cuestiones nucleares no depende de intermediarios regionales; la responsabilidad recae directamente en Washington. 

Este matiz es crucial: Arabia Saudita, aunque ha mejorado significativamente sus relaciones con Teherán y participa en un acercamiento estratégico bajo mediación china, no actúa como mediador en las conversaciones nucleares. La interpretación de Araghchi refuerza la narrativa iraní de autonomía y control sobre sus procesos de negociación, evitando que actores externos limiten su margen de maniobra.

La normalización de relaciones entre Teherán y Riad representa un ajuste estratégico de amplio alcance. Si bien se ha registrado un incremento en la confianza bilateral, particularmente en materias de estabilidad regional y cooperación en seguridad, Irán establece con cautela los límites de dicha colaboración. La prioridad de Teherán radica en consolidar la estabilidad de su entorno inmediato, mitigando tensiones y riesgos directos, al tiempo que preserva su independencia frente a presiones externas. Este enfoque refleja un entendimiento sofisticado de la dinámica regional, en la que las antiguas rivalidades se gestionan a través de una coordinación pragmática, más que mediante concesiones unilaterales.

La interacción con la Agencia Internacional de Energía Atómica (OIEA) pone de relieve una dimensión compleja de la estrategia iraní. Araghchi enfatiza que, si bien la agencia se presenta como un organismo técnico, en la práctica sus decisiones reflejan una orientación política, percibida por Irán como alineada con Israel y Estados Unidos. Según esta perspectiva, las resoluciones recientes no toman en cuenta los ataques previos a instalaciones nucleares iraníes perpetrados por estos países. La respuesta de Teherán busca equilibrar el cumplimiento técnico con la defensa estratégica, demostrando su intención de proteger sus intereses y soberanía sin contravenir las normas del derecho internacional.

El tema de la defensa y la seguridad ocupa un lugar central en el discurso. Araghchi subrayó la eficacia de los sistemas defensivos iraníes durante la reciente guerra de doce días con Israel, destacando que Irán logró defender con éxito su territorio y su infraestructura crítica. Según su relato, la guerra no solo fue contenida, sino que se tradujo en una victoria estratégica de facto: los sistemas de misiles iraníes funcionaron con precisión y eficacia, limitando el impacto de los ataques israelíes, mientras que Israel y sus aliados fueron obligados a solicitar un alto el fuego tras experimentar pérdidas significativas y no alcanzar sus objetivos. La narrativa de Araqchi enfatiza que la capacidad de Irán para resistir agresiones directas consolidó su posición regional, demostrando resiliencia y capacidad disuasoria.

En Siria y Líbano, la estrategia iraní se mantiene en un plano de observación activa y de apoyo indirecto. Araqchi destacó que Irán no interviene en decisiones soberanas de Líbano, y que su objetivo en Siria es la estabilidad, la unidad del Estado y el fin de la ocupación israelí. Esta postura refleja una diplomacia de contención y gestión de riesgos, en la que Irán prioriza la consolidación de estructuras estatales estables en lugar de protagonizar conflictos directos.

La entrevista revela además la dimensión energética y económica de la estrategia iraní. A pesar de sanciones occidentales persistentes, Irán ha desarrollado mecanismos para mantener resiliencia económica, diversificando relaciones comerciales, particularmente con China, y asegurando influencia sobre rutas de transporte energético. Esto permite a Teherán mitigar la presión internacional y proyectar poder económico regional. La combinación de influencia energética, capacidad de negociación y resiliencia institucional convierte a Irán en un actor con margen de maniobra frente a sanciones y presiones diplomáticas, sin comprometer su soberanía ni sus objetivos estratégicos.

La política exterior iraní se articula, por tanto, en torno a un equilibrio adaptativo: firmeza en principios como soberanía, programa nuclear civil y capacidad defensiva, junto con flexibilidad táctica y pragmatismo diplomático. Esta “diplomacia de equilibrio” permite a Irán proyectar estabilidad y legitimidad mientras gestiona un entorno internacional complejo y cambiante. La narrativa construida por Araqchi refuerza la percepción de que Irán actúa de manera estratégica, consciente de sus limitaciones y oportunidades, y con una visión de largo plazo que combina seguridad, diplomacia y economía.

La gestión de legitimidad internacional es un elemento central de esta estrategia. Al presentar sus acciones como conformes al derecho internacional y a los marcos normativos reconocidos, Irán busca reposicionarse frente a la percepción occidental de “estado paria”. Esto se observa tanto en el intercambio de prisioneros como en la supervisión nuclear y la defensa regional. La narrativa construida tiene un efecto doble: asegura audiencias internas sobre la legitimidad de las acciones del Estado y proyecta confianza y orden hacia actores internacionales y regionales.

La diplomacia iraní se caracteriza por un enfoque calculado hacia el tiempo y la oportunidad. La afirmación de Araqchi de que “no tienen prisa” refleja un entendimiento estratégico de los ritmos internacionales, aprovechando los márgenes de negociación para consolidar su posición. Esta prudencia temporal se combina con flexibilidad táctica, permitiendo a Teherán responder de manera eficiente a cambios en el entorno internacional sin comprometer sus principios fundamentales.

En términos de narrativa y percepción, Irán ha aprendido que la gestión de la imagen estratégica es tan importante como la posesión de capacidades materiales. La combinación de defensas efectivas, diplomacia calculada y construcción de legitimidad permite proyectar un actor sólido, resiliente y confiable, capaz de negociar desde posiciones de fuerza relativa y proteger intereses nacionales y regionales.

Finalmente, la entrevista evidencia un aprendizaje acumulado por Irán tras décadas de sanciones, presión internacional y conflictos regionales. La estrategia contemporánea combina resiliencia institucional, diversificación de alianzas y desarrollo de capacidades asimétricas, lo que eleva el costo de confrontaciones directas y asegura un manejo pragmático de riesgos. La diplomacia iraní en 2025 emerge así como un modelo de acción estatal adaptativa: firme en principios, flexible en táctica, capaz de gestionar complejidades y de proyectar influencia sostenible en un mundo en transición.

En síntesis, la entrevista de Araqchi no solo revela la postura de Teherán en temas inmediatos, sino que también proyecta una visión de largo plazo: un Irán que busca estabilidad regional, reconocimiento internacional y capacidad de acción autónoma. Esta estrategia combina diplomacia, defensa, economía y narrativa en un esquema coherente de resiliencia y pragmatismo, mostrando que, en el complejo tablero geopolítico del siglo XXI, la fuerza se mide tanto por la capacidad de negociación y adaptación como por la presencia militar o económica.

Por Xavier Villar