• La central nuclear de Dimona, en el desierto del Néguev, en el sur de los territorios ocupados palestinos.
Publicada: martes, 12 de abril de 2016 17:35
Actualizada: martes, 12 de abril de 2016 18:00

Las instalaciones nucleares de Dimona, en el sur de los territorios ocupados palestinos, tienen un grave problema técnico que ha puesto en peligro la seguridad en la zona y los países cercanos.

Según un informe confidencial redactado por Joseph Shapira, el inspector general de Dimona, publicado el lunes, informa el diario israelí Haaretz, el problema técnico es de tal magnitud que, además de causar el cese de todas las actividades de la central, podría provocar un desastre nuclear.

El informe no ha sido publicado en su totalidad razón por la que se desconoce con exactitud a qué fallo se refiere Shapira y hasta es posible que el régimen de Israel no permita la publicación de la versión completa de este texto.

En 2012 el inspector general de Dimona tenía planeado divulgar este reporte pero las autoridades israelíes impidieron su publicación bajo el pretexto de que pondría en peligro la seguridad de dicho régimen.

No obstante, en las partes del informe que están a disposición del público se puede apreciar que Shapira ya había advertido, hacía años, de que se había acabado la vida útil de Dimona y que constituía un riesgo permitir que siguiera en funcionamiento.

Expertos e ingenieros nucleares habían fijado la vida útil de Dimona en 30 años, no obstante, el régimen israelí ha seguido usándola por más de 50 años, casi el doble de su vida útil, hecho que ha causado múltiples problemas técnicos en sus instalaciones.

La construcción de Dimona, que se llevó a cabo con la ayuda del Gobierno francés, finalizó en 1962 y en los próximos años el régimen israelí utilizó Dimona para desarrollar bombas y ojivas nucleares. Actualmente se cree que el régimen de Tel Aviv posee entre 100 y 200 ojivas nucleares.

Hay poca información sobre el estado actual de este centro nuclear, ya que Tel Aviv nunca ha permitido la inspección de sus centros nucleares y hace oídos sordos a las llamadas internacionales a que suscriba el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP).

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