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Publicada: miércoles, 8 de octubre de 2014 12:04
Actualizada: jueves, 10 de diciembre de 2015 9:39

por Sergio I. Moya Mena (*) El surgimiento del Estado Islámico de Irak y el Levante (EIIL, o Daesh en árabe) en territorio sirio e iraquí, representan variaciones importantes en la trayectoria de los movimientos violentos, así como una lucha por la dirección de la "guerra global". Los primeros grupos violentos modernos surgieron en Medio Oriente entre los años sesenta y setenta como organizaciones que luchaban contra los gobiernos seculares, a quienes consideraban como su principal enemigo. Una variación importante durante la década de los noventa será el surgimiento de una nueva forma de extremismo, resultado de una posición doctrinal adoptada por el saudí Osama Bin Laden que hacía hincapié en la lucha contra los Estados Unidos, por encima del combate a los gobiernos locales. Esta doctrina de una guerra global implicó una inversión de las prioridades de los grupos suníes violentos tradicionales. De esta forma, Ayman al-Zawahiri, principal ideólogo de Al-Qaeda, planteó la instalación de Estado propio en un país como Egipto, los musulmanes “necesitaban defender todo el Mundo Islámico contra la inminente amenaza militar planteada por los EE.UU. y Occidente”. Así, los militantes de la guerra global, muchos de los cuales habían participado en la guerra contra los soviéticos en Afganistán y se vincularon posteriormente en redes como Al-Qaeda, adoptaron un patrón operativo transnacional, que implicaba atacar objetivos internacionales en su zona de combate local y llevar a cabo ataques terroristas lejos de su base territorial, por ejemplo en Europa o en EE.UU. La irrupción del EIIL supone ciertas modificaciones en la estrategia convencional de la guerra global representada por Al-Qaeda. Por un lado, el EIIL y Al-Qaeda comparten varias características. Ambos grupos tienen un tronco común: los orígenes del EIIL se remontan a la Jamaat al-Tawhid wa-l-Yihad, organización fundada por Abu Musab al-Zarqawi, que a partir de 2006 se transformaría en el Daesh de Irak, brazo local de Al-Qaeda. Ideológicamente ambos grupos adhieren al Islam puritano y rigorista del wahhabismo, patrocinado por Arabia Saudita. El “Kitab al-Tawhid”, una colección de hadices (narraciones de los hechos y máximas del Profeta) dudosos y estrictos interpretados por el predicador fundamentalista Mohammed ibn `Abdul-Wahab, es considerado como el referente fundamental de ambas organizaciones. Ambos grupos terroristas hacen un uso intensivo de los medios y las redes sociales y se han nutrido de apoyos económicos provenientes de varios países árabes del Golfo Pérsico. Más allá de estas y otras similitudes, las diferencias entre Al-Qaeda y el EIIL no dejan de ser notorias: si Al-Qaeda era manejada de forma centralizada por Bin Laden y sus lugartenientes, el EIIL parece tener una organización fundamentada en el liderazgo colectivo. Mientras que Al-Qaeda se ha centrado en actividades militares, el EIIL ha optado por una implantación territorial y establecer un Estado, con una burocracia, aparatos represivos, un sistema de administración de justicia y un sofisticado sistema de financiamiento. A diferencia de Al-Qaeda, el EIIL adhiere con más celo al takfirismo, doctrina sunita fundamentalista que considera que los musulmanes que no practican “correctamente” la fe, son infieles o kafirs a quienes es necesario eliminar. De ahí el uso extremo de la violencia -sin precedentes en la historia moderna- contra grupos como los chiitas, alauitas, sufís o izadíes, que constituyó uno de los motivos de la ruptura con Al-Qaeda en febrero de este año, y generó también críticas hacia el EIIL de ideólogos independientes como Abu Muhammad al-Maqdisi o Abu Qatada al-Filistini. Desde que el número uno de Al-Qaeda, Ayman al-Zawahiri, ordenó -sin éxito- al EIIL que retornara a Irak y dejara el campo de batalla sirio al grupo Frente Al-Nusra, los dos grupos se encuentran en una disputa abierta por la supremacía de este movimiento mundial. El EIIL considera que la conducción de Al-Zawahiri en Al-Qaeda es ilegitima y una “desviación” de la línea de Bin Laden. Algunas filiales de Al-Qaeda como el grupo Al-Murabitun, que opera en el Sahara, o Al-Shabaab de Somalia, han reiterado su lealtad o Bay'ah a Al-Zawahiri, mientras que otras ramas como Al-Qaeda en el Magreb (AQMI), Al-Qaeda en la Península Arábiga (AQPA) o los talibanes paquistaníes han manifestado su apoyo al EIIL. Como se puede apreciar, la rivalidad no se limita a la metodología (manhaj) sino también a liderazgos. Hasta el momento el EIIL parece para llevar la delantera frente a una Al-Qaeda debilitada desde la muerte de Bin Laden y erosionada por las escisiones internas. Aunque es difícil saber cómo va a transcurrir esta disputa entre estos grupos, es probable que se desarrolle sobre un marco geográfico muy amplio y durante un periodo largo de tiempo. (*) Profesor de política internacional, Universidad de Costa Rica