• Tragedia de Mina; La verdadera historia no contada
Publicada: jueves, 15 de septiembre de 2016 9:12

La peregrinación es propia de las religiones y se convierte en un elemento significativo de la fe que profesa todo creyente.

Así como en América Latina existen lugares de devoción, algunos con prácticas de dolor inmenso o sacrificio de sangre a través de heridas, en otros continentes se desarrolla de modo diferente aunque con el mismo contenido: entregar su reconocimiento a la divinidad a través de un camino recorrido para encontrarse con la paz que emana de dicho tránsito.

Estos eventos poseen tres características básicas: uno, congregan a miles o millones de fieles los que confían en realizar un acto devoto y no sufrir ningún percance vital; dos, son grandes grupos que tienen como sentimiento común efectuar actos de gratitud en sana convivencia y respeto; tres, entregan su confianza a las autoridades que representan el cuidado de los lugares santos y, por tanto, confían en su proceder cauto y correcto.

Lo garantía de protección a la vida e integridad humana no ocurrió en Mina- Arabia Saudí- donde millones de personas asistieron al ritual de Hacha 2015 en la búsqueda de santificación, pues se presentó una estampida que causó cerca de 7000 muertos y miles más heridos, cifra que aún no ha sido oficialmente declarada.

Las causas de la tragedia tienen dos miradas y con diferente crisol: las autoridades saudíes han culpado solamente a los peregrinos por no cumplir supuestamente las órdenes dadas y, al desobedecerlas, causar la masacre humana expuesta. Desde el conocimiento objetivo, se sabe que la comitiva del hijo del rey Salman bin Abdulaziz Al Saud  obligó a las autoridades a cambiar el rumbo ya trazado previamente para garantizar un desplazamiento seguro de los visitantes, haciendo que dos filas plenas de multitud se encontraran de frente provocando asfixia, desolación y muerte. Al profundizar, las visiones se hacen más opuestas pues quienes representan a las víctimas, especialmente la Organización de Hach y Peregrinación de Irán potenciada por diversas organizaciones religiosas o de derechos humanos,  consideran que los fallos administrativos de Arabia Saudí y el cierre de dos de los caminos que daban a Mina han generado la tragedia.

Lo más delicado ha sido la oposición de las autoridades saudíes para iniciar la investigación del hecho, dada por resuelta al recriminar a los fallecidos por desobedecer las instrucciones dadas. Por su parte, investigadores serios han preguntado sobre varios puntos que no han sido respondidos: ¿por qué se concluye el proceso de análisis sin tomar en cuenta cientos de testimonios válidos?, ¿qué fundamento autoriza a Arabia Saudí a no responder ni asumir su responsabilidad en dicha masacre?, ¿cuál fue la causa real de dicha masacre?, ¿por qué no se ha realizado una investigación seria sobre la tragedia? ¿ a qué se debe qué ninguna organización occidental o aliada de Arabia Saudí haya solicitado respuestas sólidas para determinar responsables?, ¿ por qué el martirio de tanta gente ha sido ocultado por la prensa occidental o de los emiratos árabes principalmente?, ¿qué papel juega Barack Obama amparando a Arabia Saudí?, ¿existe verdaderamente una desvalorización occidental de todo lo que signifique oriental, latino o negro en el planeta?

La historia no contada al mundo es que los medios occidentales recibieron la orden de esconder dicha tragedia privilegiando actos supuestamente terroristas o asesinatos masivos en otros países, independientemente que fueran mínimos en número a los de Mina, con el fin de desviar la atención y ocultar lo sucedido. Lo que es cierto es la creación de una tendencia en la comunidad islámica para impedir la unidad, la Umma, debido a diferencias antagónicas de tipo político donde se enfrenta el consumo y la expoliación frente a la solidaridad y los preceptos de la paz. Con justeza, el ayatolá Jatami ha  lamentado el silencio de la comunidad internacional ante el desastre y enfatizado que Irán sigue reclamando firmemente los derechos de los familiares de las víctimas de esta tragedia, pese a que el régimen saudí no aceptará el estudio policial pues ha tratado de encubrir toda la historia y ha impuesto un bloqueo informativo sobre la polémica presencia en los ritos del hijo del rey Al Saud.

Aquí radica la causa esencial de la catástrofe pues los servicios de seguridad sauditas que estaban en el lugar bloquearon uno de los caminos hacia el Jamarat, como lo constata la BBC, confirmando que fue el paso del convoy del príncipe heredero adjunto saudí por Mina, en La Meca, lo que ocasionó el evento. “Pese a la multitudinaria presencia de peregrinos, Mohamad bin Salman decidió participar en el ritual del Hach y se dirigió con un convoy escoltado por 200 efectivos militares y 150 policías hacia Mina”, se reveló en el rotativo Al-Diyar, lo que provocó el aumento extremo en el flujo y aglomeración de los fieles que iban hacia la zona donde se disponían a realizar el ritual.

Se ha denunciado la falta de logística para resolver dichas contingencias, entre ellas, la falta de un adecuado personal de médicos, enfermeras, técnicos, camillas, entre otras deficiencias, sin discriminar la atención entre heridos y fallecidos que fueron ubicados en contenedores, prevención que podría haber menguado enormemente las víctimas. Se ha hecho énfasis en la despectiva actuación de la policía ante los peregrinos iraníes debido a la propaganda que se incentiva en contra de naciones hermanas.

Como se sabe ha existido un historial de tragedias las cuales no han sido investigadas en profundidad ni resueltas de modo responsable. La caída de una grúa en la Mezquita Al-Haram La Meca durante las ceremonias de la peregrinación de Hach causó la muerte de 107 personas y 238 han  heridas, lo que  debería haber sido tomado como un antecedente premonitorio.

Reflexiones analíticas sobre este hecho.

La gran interrogante sobre los motivos que ha tenido el gobierno saudí para desatender este caso vital parece asentarse en el espaldarazo que recibe del gobierno estadounidense al facilitar su no compromiso en la defensa de los derechos humanos.

No se puede desconocer que quien ampara un delito es parte del mismo, por ello, las declaraciones de Obama calificando de extraordinaria las relaciones de Washington con Riad, pese a comprobado su participación directa en la destrucción de las Torres Gemelas, se ha visto enrarecida diciendo por el contrario que Irán es el que apoya al terrorismo, como claras manifestaciones de un sostén ideológico. Las declaraciones del mandatario al diario árabe Al-Sharq al-Awsa con sede en Londres, anunciando que “(Arabia Saudí) ha sido absolutamente crucial no solo para mantener la estabilidad en la región, sino también para proteger al pueblo”, demuestra que se evade confirmar la verdad tanto como la venta de armas para destruir al pueblo yemení, por ejemplo. La agencia Reuters reporta que la actual Administración estadounidense ofreció vender a Arabia Saudí armas y equipos militares con un valor de más de 115.000 millones de dólares…sin siquiera presionar para reducir al masacre de civiles según su retórica respecto a la campaña mundial por los Derechos Humanos. Por el contrario, se conoce un informe secreto donde comprueba la política de espiar a Irán desde los Emiratos.

Es preciso mencionar varias propuestas que permitan asegurar una peregrinación en condiciones de seguridad, por lo cual se ha retomado la idea de considerar que un  Consejo islámico internacional debería administrar La Meca y Medina, tal como lo ha expresado con certeza el analista internacional Galeb Moussa Hamad. De igual modo, se recomienda el seguimiento de la tragedia de Mina, que forma parte de la agenda de la Cancillería iraní, hasta que se cumplan los derechos de las víctimas del incidente.

Dos respuestas al siniestro son profundas: desmerecer la ciudadanía de asiáticos, africanos, latinos, indígenas, negritudes, por sobre la raza euroestadounidense es la fuente de la “Excepcionalidad”, explicando que fenómenos de menor intensidad sean sobrevalorados ante éste; coincidente, parece que las amenazas de  la Monarquía Wahabita a EE.UU., de  retirar sus activos  en bancos norteamericanos en una suma superior a los 800.000 millones de dólares si la investigación que los compromete respecto a los atentados del 11 de septiembre continúa, indica como el departamento de Estado es temeroso y avala una traición a su propia nación al conocerse la implicación directa de éstos en el atentado. No sin razón ni pudor, el presidente Obama ha anunciado que emitirá su veto contra una ley del Congreso que permite demandarlos. Su justificación es que aceptar una demanda de ciudadanos estadounidenses a otro país podría abrir una compuerta para que, de modo recíproco, afectados por EE.UU. pudiesen debilitar el principio de inmunidad que protege a los Estados de demandas judiciales, exponiendo a dicha nación a millares de reclamos por su injusta acción destructiva en los cinco continentes.

Finalmente una conclusión lógica: expuestos los hechos es factible comprender los ocultos intereses que se integran para que la masacre de Mina causada por Arabia Saudí sea una historia no contada al mundo. No obstante, la Humanidad entera no lo olvidará porque la historia es difícil de borrar en la memoria colectiva de los pueblos soberanos.

Carlos Santa María
Carlos Santa María Carlos Santa María es Doctor en Filosofía y Ciencias de la Educación, profesor universitario, columnista de varios medios nacionales e internacionales y ha escrito dieciséis libros en el campo humano, político y pedagógico.

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