• La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff.
Publicada: martes, 15 de marzo de 2016 1:56
Actualizada: martes, 15 de marzo de 2016 2:43

El Gobierno de Brasil recalca que un impeachment (proceso de destitución) contra la presidenta brasileña, Dilma Rousseff, no es la solución a la crisis económica que azota el país.

“El impeachment no es remedio ni para animar la economía ni para echar a un presidente”, manifestó el lunes el jefe de Gabinete de Brasil, Jaques Wanger, durante una rueda de prensa al término de una reunión con Rousseff, durante la que abordaron la manifestación del domingo, en que se reclamó la dimisión de la presidenta.

En esta línea, Wanger hizo hincapié en que la crisis económica es la principal razón del “mal humor” de la nación brasileña, expresado en las protestas que se celebraron en las principales calles del país sudamericano.

El impeachment no es remedio ni para animar la economía ni para echar a un presidente”, dijo el jefe de Gabinete de Brasil, Jaques Wanger.

El jefe de Gabinete de Brasil, Jaques Wanger.

 

Las manifestaciones fueron expresivas, admitió el mandatario antes de observar la división existente entre quienes salieron a las calles. Asimismo, agregó que la mayoría de esas personas acudió organizada por empresas, y no de manera espontánea.

Con la decisión de impulsar un impeachment, advirtió Wanger, los brasileños ponen en peligro la democracia, puesto que ese proceso podría generar una “criminalización de la política”. 

Para resolver la situación actual, anunció por otra parte, el Gobierno brasileño cuenta con un nuevo plan consistente en conversar con los partidarios del Partido de los Trabajadores (PT) de Brasil en el Congreso a fin de frenar el juicio político contra la jefa del Ejecutivo y restablecer la economía.

Respecto a la posibilidad de que el expresidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva se una al Gobierno, Wanger dijo que “todo el mundo quiere que venga, depende de él. Si viene, se dedicará seguramente a lo que más conoce, que es la política”.

No obstante, negó que tal suceso fuera una estratagema para proteger a Lula da Silva de las investigaciones judiciales en su contra por una supuesta implicación en el caso de corrupción de la estatal petrolera Petrobras.

Desde que salió a la luz pública el caso de corrupción en Petrobras, en marzo de 2014, la oposición brasileña pretende involucrar a la presidenta y a los miembros del PT para solicitar su destitución. Sin embargo, Rousseff niega las acusaciones y denuncia el uso abusivo de filtraciones como arma política, informaciones “apócrifas, selectivas e ilegales” según la mandataria, cuyo origen se debería investigar con rigor, “ya que hieren la ley, justicia y verdad”.

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