• Cámara al Hombro - ‘justicia en pausa’ en Estados Unidos

Miles de casos en cortes de EE.UU. esperan ser atendidos por un juez de inmigración.

El Servicio de Inmigración busca cualquier pretexto para deportar a los que tiene en la mira; muchos pueden lograr salvar sus casos, pero la mayoría no.

Historias como la de Mayra Tood se vuelven a repetir constantemente. Su caso es uno de los 800.000 que están en un limbo migratorio esperando una respuesta que no llega.

Mayra salió huyendo de Guatemala por la violencia que vivió. Cruzó la frontera y ha permanecido en Estados Unidos tres décadas. En cualquier momento pueden deportarla pero, según sus abogados, su caso es complicado y tiene que esperar.

Miles de migrantes a lo largo del país se encuentran bajo una total incertidumbre ante el retraso que se está presentando. Actualmente, en las 58 cortes a nivel nacional, solo hay 334 jueces, así lo confirma Noemí Ramírez, abogada de inmigración.

El Servicio de Inmigración y Aduanas ha confirmado que los casos en los últimos cinco años han aumentado las mismas cifras de internos; lo dicen en centros de detención. Según organizaciones pro inmigrante, la última crisis migratoria del 2012 y el cruce de niños no acompañados y madres con hijos pequeños, tomaron al Gobierno por sorpresa. Cuando decidieron entregar a los menores a familiares, las cortes comenzaron a saturarse y la lista de espera creció con casos de nuevos migrantes, y los que tenían citas tardaron hasta un año en volver a ver a un juez, como lo indica el abogado Alan Diamante.

Lo peor del caso no es la espera o estar en riesgo de deportación. De acuerdo con algunos migrantes, los tobillos de los arrestados son atados con grilletes para monitorear a los indocumentados. Muchos aseguran que son incómodos y pueden pasar varios años atados a este artefacto, además de que la gente los discrimina porque se cree que quien lleva un grillete en el tobillo es un delincuente peligroso.

Cuando Donald Trump llegó a la Presidencia, la comunidad indocumentada supo que cumpliría su promesa de campaña de deportar a todos los indocumentados después de llamarlos delincuentes. Hasta la fecha, los operativos y redadas en todo el país no han parado.

En los casos de peticiones migratorias de padres a hijos o cónyuges también la espera es larga y aunque el Gobierno de Trump quiera tratar a los residentes latinos como de segunda clase, hay leyes de inmigración que no se pueden borrar.

Miles de personas están un limbo migratorio, los que han tenido suerte de salvar sus casos, la justicia llega a cuenta gotas y, en el peor de los panoramas, terminan deportados sin que nada ni nadie pueda salvarlos.

Carlos Alberto Méndez, Los Ángeles, California.

smd/anz/rba

miércoles, 6 de diciembre de 2017 9:56
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