• Las regiones clave del cerebro para el reconocimiento facial sólo se forman a través de la experiencia.
Publicada: lunes, 11 de septiembre de 2017 2:32

Nuestra capacidad de reconocer los rostros de la gente que nos rodea no es algo innato, revela un estudio científico.

Científicos han considerado la capacidad de reconocer de manera innata caras de las personas y otros primates, algo que nuestros cerebros saben hacer inmediatamente desde el nacimiento. Sin embargo, los hallazgos de un nuevo estudio de la Escuela de Medicina de la Universidad de Harvard, en Estados Unidos, publicado este lunes en la revista Nature Neuroscience ponen en duda esta visión de muchos años.

Trabajando con macacos temporalmente privados de ver caras mientras crecieron, un equipo de la Escuela de Medicina de Harvard dirigido por los neurobiólogos Margaret Livingstone, Michael Arcaro y Peter Schade, ha encontrado que las regiones del cerebro que son clave para el reconocimiento facial sólo se forman a través de la experiencia y están ausentes en primates que no se topan con rostros mientras crecen. 

El hallazgo, según los investigadores, arroja luz sobre una serie de enfermedades de desarrollo neurológico, incluyendo aquéllas en las que las personas no pueden distinguir entre caras diferentes o el autismo, marcadas por la aversión a mirar caras. Sin embargo, lo más importante del estudio es que subraya el papel formativo crítico de las primeras experiencias sobre el desarrollo sensorial y cognitivo normal, dicen los científicos. 

Los bebés parecen preferentemente rastrear las caras temprano en el desarrollo, lo que indica que reconocemos rostros con la experiencia.

 

Livingstone, profesor de Neurobiología de la Facultad de Medicina de Harvard, explica que los macacos –con una estrecha relación evolutiva con los seres humanos y que son un sistema modelo para estudiar el desarrollo del cerebro humano– forman grupos de neuronas responsables de reconocer las caras en un área del cerebro llamada el surco temporal superior a los 200 días de edad. La ubicación relativa de estas regiones cerebrales es similar entre las especies de primates. 

Ese conocimiento, combinado con el hecho de que los bebés parecen preferentemente rastrear las caras temprano en el desarrollo, llevó a la creencia de larga duración de que el reconocimiento facial debe ser innato, dice. Sin embargo, tanto humanos como primates también desarrollan áreas en el cerebro que responden a estímulos visuales que no han encontrado durante tanto tiempo durante la evolución, incluyendo edificios y textos. Esta última observación pone una importante traba en la teoría de que el reconocimiento facial es innato.

El cerebro parece ser muy bueno en el reconocimiento de las cosas que un individuo ve a menudo, apunta Livingstone, y pobre en el reconocimiento de cosas que nunca o raramente ve. “Lo que ves es lo que terminas ‘instalando’ en la maquinaria del cerebro para poder reconocerlo”, añade.

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