• El fin de Gaza auspiciado por la comunidad internacional
Publicada: miércoles, 9 de septiembre de 2015 7:07
Actualizada: martes, 26 de abril de 2016 4:20

La Organización de las Naciones Unidas informó que la Franja de Gaza será inhabitable dentro tan sólo cinco años.

De acuerdo con el informe anual de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo el bloqueo israelí ha devastado la infraestructura, ya debilitada de Gaza, y ha destrozado su base productiva. Asimismo, advirtió de las consecuencias sociales, de salud y de seguridad de la enorme población de Gaza.

Las condiciones socioeconómicas allí están en el nivel más bajo, desde 1967, cuando Israel se apoderó del territorio. El régimen israelí, desde 2006, ha impuesto un cerco humanitario,  hecho que produce enormes problemas para los habitantes de la zona. Miles de residentes están excluidos de acceder al agua potable, combustible y medicamentos.

Asimismo, los ataques y guerras lanzadas por Israel contra el enclave costero, han empeorado la crisis humanitaria; además de aumentar la cifra de desempleados y pobreza, ha reducido notablemente el nivel del bienestar social de los palestinos en Gaza. 

Presos en su propia tierra

Una sola noche en la cárcel es suficiente para tener idea lo que representa estar bajo el control total de cualquier fuerza externa; y difícilmente se requiere más de un día en Gaza, para apreciar lo que significa tratar de sobrevivir en la cárcel al aire libre más grande del mundo, donde habitan 1,8 millones de palestinos en una superficie de 140 millas cuadradas (unos 360 kilómetros cuadrados aproximadamente) sometidas al terror, al castigo arbitrario y al azar.

Pero hay una diferencia entre una cárcel normal y Gaza. En la cárcel, si se daña algo lo arreglan, les dan comida y atención médica a los reclusos. Para los gazatíes no hay nada de eso, incluso mientras están bajo el estricto cerco, sin acceso a sus necesidades básicas, los someten a invasiones israelíes.

Anhelo democrático gazatí y rabia israelí

En enero de 2006, para Israel y EEUU, los gazatíes cometieron un crimen importante: votar en la primera elección libre del mundo árabe por el Movimiento de Resistencia Islámica de Hamas. Una vez, expresado su anhelo de democracia, el régimen de Tel Aviv impuso un cerco a Gaza, al calificar a Hamas de extremista.  

Los acontecimientos avanzaron en el invierno de 2008-09 a través de la Operación Plomo Fundido. En esa guerra, uno de los sistemas militares más avanzados del mundo, dependiente de armas estadunidenses y protegido por la diplomacia de Washington, atacó con todo lo que podía bajo el pretexto de salvaguardar la seguridad israelí a una población civil atrapada, que ni siquiera poseía armas básicas o elementales.

Sin embargo las autoridades israelíes catalogaron a los cohetes de fabricación casera de los gazatíes como una amenaza en su contra. En 2008, se estableció una tregua y se puso fin a los ataques. Ni un solo cohete se lanzó desde Gaza hacia los territorios ocupados palestinos por Israel pero el régimen de Tel Aviv violó el cese al fuego y la emprendió nuevamente.

A estos ataques se suman: la Guerra de 8 días en 2012 y la de 50 días en 2014 contra el enclave costero. La más grave fue la del 8 de julio de 2014, cuando Israel lanzó una masiva operación militar contra los palestinos en la Franja de Gaza. Más de 2200 muertos y miles de heridos fue el saldo de las agresiones contra ellos. Según fuentes médicas, niños, adolescentes y mujeres conforman la mayoría de las víctimas de esta nueva atrocidad israelí.

Desde las guerras de 1967, 2008 y 2012, Israel siempre ha iniciado las contiendas. Sus agresiones utilizan todos los medios aéreos, marítimos y terrestres posibles; incluso, ha recurrido a armas ilegales. Según el Centro Palestino para los Derechos Humanos (CPDH), el Ejército israelí utilizó bombas de dardos de acero contra el pueblo palestino en la Franja de Gaza. 

Tel Aviv decía que el blanco de los ataques eran los miembros de Hamas, no obstante de acuerdo con las cifras entregadas por fuentes médicas y del Ministerio de Educación de Palestina, los niños y mujeres son la mayor parte de las víctimas. Además, la escasez de medicamentos por el cerco humanitario incrementa el número de muertes.

Ante todas estas agresiones y hostilidades contra los gazatíes, lo único que ha hecho la Organización de las Naciones Unidas ha sido expresar la preocupación por la dimensión de los crímenes israelíes. Sin adoptar el Consejo de Seguridad ninguna resolución contra Israel, ni sanciones, ni siquiera le atribuye el calificativo de estado terrorista. Pero cuando un cohete desde Hezbolá del Líbano se lanza hacia los territorios ocupados por Israel, los catalogan de inmediato como terroristas.  Ante estos pronunciamientos, indudablemente somos testigos de la parcialidad de aquellos que se autoproclaman defensores de derechos humanos.

Hay varios ejemplos; el más sencillo y claro es el conflicto Irak-Kuwait, bajo el mandato del dictador iraquí Sadam Husein en 1990 con la ocupación de Kuwait. La invasión tuvo inmediatamente una reacción de condena internacional. El Consejo de Seguridad de la ONU a través de la Resolución 660 urgió a Irak a retirarse de Kuwait, algo que no respetó Sadam Husein. La medida provocó el movimiento de tropas y los embargos, produciendo la Operación Tormenta del Desierto. Una coalición internacional de 34 países liderada por Estados Unidos y bajo mandato de la ONU, inició una campaña militar con el fin de obligar al ejército invasor a replegarse de Kuwait, atendiendo a la resolución Nº 660 de la ONU. Incluso impusieron devastadoras sanciones al país árabe que terminaron en el programa de “petróleo por alimentos”.

Las sanciones que persistieron hasta 2003 podrían ser catalogadas como genocidio. Según un estudio publicado por New York Times, unos 576.000 niños habrían perdido la vida por las sanciones que afectaron su vida y el sistema de salud.

Evidentemente cuando los intereses de las superpotencias están en juego, la reacción es inmediata y contundente. Y si se trata de un socio, en este caso Israel, la reacción se limita a expresar la preocupación o llamar a las partes involucradas a dialogar.

¿Hasta cuándo el mundo estará cruzado de brazos ante los crímenes israelíes contra palestinos? ¿Hasta cuándo solo pensará en sus intereses? ¿Por qué sólo se limitan a emitir informes de preocupación y de advertencia sobre Palestina? ¿A caso, la vida de un niño palestino que muere por falta de medicamentos no vale como la de cualquier ser humano? ¿Estarán esperando 2020 para ver a los gazatíes muertos o convertidos en otros refugiados, como los que hoy día desaparecen cruzando el Mediterráneo o maltratados en Europa? 

Rasoul Goudarzi
Rasoul Goudarzi Periodista y analista internacional, Master en Relaciones Internacionales de la Universidad Azad de Irán. Especialista en temas principalmente de Oriente Medio e Irán. Es colaborador de varias cadenas de noticias internacionales.

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