Publicada: martes, 15 de enero de 2013 13:25
Actualizada: jueves, 10 de diciembre de 2015 14:27

Por: Pedro Brieger La presencia de varios presidentes latinoamericanos el 10 de enero en Caracas fue mucho más que una participación diplomática de cortesía para la jura de un mandatario. Fue una nueva demostración de fuerza de la corriente progresista en la región en una clara y abierta disputa con los partidos políticos y medios de comunicación que se oponen a los vientos de cambios progresistas en América Latina. Desde la Cumbre de las Américas en 2005 cuando los cuatro países del Mercosur y Venezuela rechazaron la propuesta estadounidense del Área de Libre Comercio de las Américas (ALCA) existe una puja política continental que se profundiza. Por un lado una corriente de gobiernos progresistas (en el más amplio sentido de la palabra) que cuestiona las prácticas neoliberales; y por el otro una conservadora que suele sintonizar con el discurso que proviene de la Casa Blanca. En los años noventa, cuando se impulsó el Consenso de Washington y los planes de apertura a los mercados financieros y las privatizaciones, los gobiernos neoliberales tenían una clara hegemonía política, económica y mediática. Esto claramente se ha modificado. La corriente progresista hoy es la que marca el ritmo político de América Latina. Esto se puede ver con la creación de la Alianza Bolivariana para los pueblos de nuestra América (ALBA), los diferentes proyectos económicos como Petrocaribe o el Banco del Sur, la ampliación del Mercosur, Unasur y la nueva Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (CELAC) -sin Estados Unidos y Canadá- que no encontró resistencias en los gobiernos de derecha a pesar de que es un claro proyecto para marginar a Washington. Los gobiernos que se sitúan por fuera de esta corriente progresista no han tenido la capacidad de proponer propuestas alternativas en lo político, y en el ámbito económico insisten con los postulados neoliberales de los noventa, poco seductores a esta altura de los acontecimientos. Las reuniones entre los presidentes del “Pacífico” (Chile, Perú, Colombia, Panamá y México) sólo han servido para firmar algunos acuerdos de libre comercio y declaraciones vagas sobre un “futuro” promisorio en el Pacífico. Aunque los grandes medios de comunicación del continente resalten una y otra vez los supuestos logros de estos países para contraponerlos a los progresistas -que suelen llamar despectivamente “populistas”- sus modelos de gestión no seducen y tampoco tienen una figura regional convocante. Más aún, sorteando presiones mediáticas Ollanta Humala viajó a Cuba para visitar a Chávez; Juan Manuel Santos mantiene una excelente relación con La Habana y Caracas porque su principal objetivo es lograr la paz con las FARC, y para ello necesita de Venezuela y Cuba, y Sebastián Piñera a fines de 2013 dejará su cargo. Amén de la disputa jurídico-política que pueda existir en Venezuela respecto del nuevo período presidencial, a unos y otros les queda claro que lo que está en juego en Venezuela trasciende la figura de Hugo Chávez y afecta a toda la región. Por eso el opositor Henrique Capriles les pidió a los presidentes latinoamericanos que no se hicieran presentes el 10 de enero en Caracas. Y por eso la mayoría de ellos estuvo. ab/
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