Cuando el presidente de Francia, Emmanuel Macron, reunió en el Palacio de Versalles al Congreso francés para que escuchen cuál es la dirección que va a seguir su política en los próximos meses, en la Plaza de la República de París (capital) se dieron cita asociaciones y colectivos ciudadanos de ayuda a los más necesitados para denunciar al que definen como el mandatario de los ricos.
La política de Macron es considerada antisocial por la alza de impuestos, reducción de ayudas sociales y de vivienda, bajada del poder adquisitivo, y aumento de la precariedad. El discurso presidencial y sus promesas ante diputados y senadores no ha convencido a quienes todos los días tienen que hacer frente a la miseria.
La urgencia para los franceses pasa por una política social que disminuya desigualdades y discriminaciones y que facilite vivienda, empleo y sanidad para todos. Mientras, millones de personas en este país europeo son condenados a vivir por debajo del umbral de la pobreza como verdaderos ciudadanos.
La ruptura entre Macron y las clases más desfavorecidas de la sociedad francesa es una realidad. Debido a las palabras insultantes que ha lanzado contra aquellos a los que la vida ha golpeado condenándolos a la pobreza, este presidente ya ha dejado de serlo para muchos franceses.
Juan José Dorado, París.
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