“Sigo con mucha preocupación y dolor en el corazón el asunto de muchos refugiados en el golfo de Bengala (en el este de La India) y el mar de Andaman (al este de Laos y Tailandia)”, ha lamentado el papa tras la plegaria del domingo en la plaza San Pedro del Vaticano.
Desde hace dos meses los migrantes asiáticos navegan sin rumbo en el golfo de Bengala, porque ningún país del área acepta recibirlos, además al menos 300 musulmanes rohingyas de Myanmar (Birmania) se encuentran en un barco a la deriva en el mar de Andaman y solicitan ayuda inmediata para llegar a Malasia.

En este sentido, ha felicitado a los países que declararon su disposición para ofrecer asistencia humanitaria a “estas personas, que se enfrentan a graves peligros y sufrimientos”.
“Aliento a la comunidad internacional a suministrarles la asistencia humanitaria necesaria” a los migrantes desplazados, ha urgido.
Malasia, Indonesia y Tailandia se encuentran bajo presión de la comunidad internacional para que rescaten a miles de rohingya y bangladesíes atrapados desde hace semanas en barcos en medio del mar del sudeste asiático.
Sin embargo, el pasado lunes, más de 1400 rohingyas, incluidos niños y mujeres, que viajaban a la deriva en embarcaciones rudimentarias, fueron rescatados frente a la costa oeste de Indonesia.

Según activistas y organizaciones mundiales, unas ocho mil personas podrían encontrarse a la deriva en embarcaciones sobrecargadas, mientras pierden la vida por hambre y enfermedades, después de que fueran abandonadas por los traficantes.
Cada día es mayor la población musulmana que decide huir de Myanmar hacia los territorios de los países vecinos. Malasia e Indonesia son considerados como los principales destinos de los musulmanes rohingyas.
Desde el año 2012, la minoría musulmana es objetivo de constantes ataques de budistas extremistas de Myanmar. La Organización de las Naciones Unidas (ONU) los considera como la minoría “más oprimida” del mundo.
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