La violencia generada por la quema de copias del Corán a manos de militares estadounidenses en Afganistán, no interrumpirá la misión militar del Gobierno de Washington en el país asiático.
Los fundamentos de la estrategia militar en Afganistán “siguen siendo sólidos”, así afirmaron el lunes el secretario de Defensa estadounidense y el jefe del Estado Mayor Conjunto, Leon Panetta y el general Martin Dempsey, respectivamente.
En este contexto, el portavoz del Pentágono, George Little, tachó de “inquebrantable” el compromiso de la Casa Blanca de entregar la responsabilidad de la seguridad a los militares afganos en 2014, tras asegurar de que el calendario de la salida de las tropas estadounidenses de Afganistán no cambiará.
Después del ataque (sábado) contra el ministerio del Interior en Kabul, reivindicado por el grupo Taliban, en el que murieron dos oficiales estadounidenses, la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN) retiró a todos sus consejeros de los ministerios gubernamentales.
Soldados norteamericanos quemaron el 20 de febrero algunos ejemplares del Corán en la base aérea estadounidense de Bagram, Afganistán. Insulto que fue condenado consecutivamente por muchas autoridades nacionales y extranjeras, y provocó cinco días consecutivos de protestas antiestadounidenses en Afganistán, dejando 28 muertos, y unos 180 heridos.
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